La tecnología actual: un tecnicismo mucho más radical

¿Qué pensaría José Ortega y Gasset del desarrollo actual de la tecnología? Toda pregunta de este estilo corre el riesgo de convertirse en historia-ficción, pero dado que el autor de la Meditación de la Técnica es plenamente contemporáneo, quizás no sea descabellado realizar un intento de extrapolación basado en sus ideas sobre la técnica.

Ortega utiliza el concepto de ‘tecnicismo’ en un sentido parecido al que hoy damos al término ‘tecnología. El tecnicismo, para él, es la conciencia de la técnica, es decir, la producción de técnica por su propio valor intrínseco, y no como simple medio de solucionar un problema o mejorar una actividad. Así, el tecnicismo supone pensar la realidad sistemáticamente bajo la óptica de la técnica, pensar cualquier solución en términos técnicos, hacer intervenir los conocimientos científicos teóricos a favor del desarrollo de los medios técnicos: imaginar, planificar, ejecutar. En la fase del tecnicismo moderno, dice Ortega -calcando a Marx-, “la máquina ya no sirve al hombre; es el hombre el que sirve a la máquina”.

A fin de precisar la posible opinión de Ortega sobre la tecnología en la vida actual es importante también recordar su posición con respecto a los límites y los inconvenientes de la técnica. En cuanto a los primeros, Ortega, enormemente optimista con respecto al valor de la técnica para la civilización, cita los límites históricos, los naturales y los morales. En cuanto a los inconvenientes, los más destacados son la uniformización de los comportamientos humanos en todos los rincones del globo y la pérdida paulatina del contacto con nuestra naturaleza biológica y ecológica.

Debemos suponer, pues, que si la evolución actual de la tecnología tiende a aumentar estos inconvenientes, Ortega se posicionaría contra dicha evolución. Igual que si pretendiera traspasar los límites morales, esos que dependen realmente de la voluntad de la sociedad que ejerce el saber técnico.
Justo a partir de la década en que Ortega murió, la tecnología comenzó a dominar todas las dimensiones de la realidad: primero todos los procesos económicos, luego los medios de comunicación y por último el ocio y la vida cotidiana. Las consecuencias han sido dobles: por una parte, la tecnología ha acercado a las personas entre sí, ha “reducido” el tamaño del mundo y nos ha hecho conscientes de las realidades que se viven en lugares muy alejados, de hábitos y costumbres lejanos, tan naturales como los nuestros. Esta Aldea Global, como la definió Marshall McLuhan, favorece el desarrollo de una ética de la comprensión y la tolerancia.

Por otro lado, sin embargo, la colonización de la vida por la tecnología ha llevado a tal desarrollo de los procesos productivos técnicos que han puesto al planeta al borde del suicidio ecológico: los efectos de la tecnología sobre la atmósfera, los recursos naturales y el clima están disminuyendo sustancialmente las posibilidades de una vida futura sana. A nivel ético, el desarrollo de nuevas ciencias, como la genética o la biotecnología, y de técnicas como la clonación, plantean nuevos retos morales, debates de fondo entre los investigadores, sobre los límites del conocimiento aplicado. Sin duda, fuera cual fuera su posición, Ortega intervendría hoy activamente en la discusión y el esclarecimiento de estos problemas.

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